



fons documental
En el presente artículo, dedicado a la psicología del deporte aplicada a las personas con discapacidad, trataremos de abordar el papel de la psicología de unan forma holística en todo lo referente a su papel rehabilitador a través de la actividad física y el deporte. Vamos a intentar pues, enfocar el tema mediante el hilo conductor de los beneficios que una adecuada intervención psicológica puede producir en todas las etapas que rodean a la práctica deportiva de una persona con discapacidad, para quizás en posteriores intervenciones en este u otros medios, incidir más en profundidad en varios de ellos.
En primer lugar, tenemos que realizar una diferencia, que no por su obviedad deja de ser muy importante. Nos encontramos con dos poblaciones diferentes, dentro del mismo colectivo de personas con discapacidad: las practicantes y las no practicantes de actividad física y deportiva. Según el Informe sobre la situación de las personas con discapacidad en España, de la Sesión del Pleno a fecha 17 de diciembre de 2003, el colectivo de personas con discapacidad en España está cifrado en 3.528.220, según el INE en la Encuesta sobre Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud (EDDES), del año 1999.
De esta cifra aproximadamente el 42% es menor de 55 años de edad. Según la misma EDDES, el 54% de esta población está formado por discapacidades y deficiencias físicas. Sin pretender ahondar más en este estudio de referencia (en el que no se contempla como indicador la práctica deportiva), ya que no es el objetivo de este artículo; queremos plantearnos la siguiente cuestión: ¿Qué tanto por ciento de personas con discapacidad física practican deporte o hacen actividad física?
No podemos dar una cifra exacta y contrastada para responder a esta pregunta, debido a la falta de investigaciones al respecto, pero si la delimitamos a la población con discapacidades físicas potencialmente aptas para la actividad física y deportiva y al número de licencias de clubes y de federaciones territoriales, a buen seguro que el porcentaje de practicantes no sería muy halagüeño ni esperanzador.
Con toda esta reflexión queremos incidir en el hecho que existen aún muchas personas con discapacidad física que no practican ningún tipo rutina deportiva, esta es la realidad.
Motivos y beneficios de la práctica deportiva
Recuperando el hilo de las diferentes etapas de la práctica deportiva, ahora empezaremos en lo que podemos definir como la etapa 0: Pre-práctica deportiva, que sería la del fomentar que cada vez un mayor número de personas con discapacidad practiquen deporte. Este es nuestro objetivo número uno y en el cual tenemos que invertir más para que día a día más personas se puedan beneficiar de todo lo que el deporte les puede aportar.
Esta situación es aún más evidente cuando nuestro deporte adaptado está necesitando urgentemente un relevo generacional, ya que después del tirón que supuso Barcelona 92, doce años más tarde, nos encontramos que los deportistas que acudieron a representarnos en Atenas son prácticamente los mismos que en los anteriores JJPP. Otra pregunta que dejaremos en el aire: ¿Qué pasará cuando estos se retiren?
Centrémonos ahora en los beneficios de la práctica deportiva. Las mejorías a nivel físico son las más fáciles de confirmar: coordinación y equilibrio, resistencia y fuerza muscular, potenciación de los grupos musculares necesarios para la movilidad tanto en silla de ruedas como para la deambulación, las mejorías cardiovasculares, del aparato circulatorio y respiratorio, el control de la obesidad, muy importante para evitar contracturas, atrofias musculares, sobrecargas…etc.
En esta etapa previa a la práctica deportiva, los beneficios psicológicos son igualmente evidentes, aunque sean más difíciles de demostrar que a nivel físico. Empezaremos por la recuperación de objetivos a nivel deportivo, perfectamente extrapolables y motivadores para la recuperación de otros objetivos y activos vitales (trabajo, actividad social, relaciones de pareja, etc.).
Posiblemente la persona con discapacidad, especialmente si es de origen traumático, ha visto como muchos de sus objetivos se han visto bruscamente truncados. En nuestro ciclo vital ascendemos gradualmente hacia un grado óptimo de independencia, nacemos totalmente dependientes y en la etapa de madurez somos completamente autónomos. Una discapacidad nos vuelve a hacer dependientes en muchas de las rutinas y de las actividades de la vida diaria.
En estos momentos la persona pasa por diferentes etapas que van desde el estado de shok inicial, pasando por las expectativas de recuperación, el bloqueo de objetivos, la fase de duelo, de negación, estados defensivos…y cada uno de estos momentos acompañados por su respectivas patologías ansiosas, depresivas, paranoides, bipolares, etc… hasta llegar a una deseada fase final de asimilación de la discapacidad.
Muchas personas me han comentado que la discapacidad traumática nunca se acepta, pero si que se llega a asumir. Esto significa llegar a la última fase en el proceso de rehabilitación psicológica en el cual la persona piensa: “Si, soy una persona con discapacidad”.
Aquí la reconstrucción psicológica es básica, ya que nos encontraremos con una autoimagen dañada, especialmente desde un punto de vista narcisista, y con la consecuente disminución, más o menos destructiva de la autoestima. Un ejemplo: en una persona que es usuaria de silla de ruedas, un buen indicador de la asimilación o no de la discapacidad, podríamos observarlo conversando con ella durante unos minutos y ver cuantas veces hace referencia a su silla de ruedas.
Si son frecuentes podemos tener a buen seguro que no ha llegado aún a la etapa de asimilación. Si por el contrario no hace referencia a ella, es un síntoma bastante evidente de que tiene asumido que debe realizar todas sus rutinas de esta manera.
Pasemos ahora a introducimos en la etapa 1: la iniciación deportiva. Aquí es cuando el deporte es auténticamente la mejor terapia. ¿Por qué?: aparecen los referentes. La persona que se vincula a un club deportivo o que se plantea vincularse piensa: “¿Podré hacerlo?”. Si no lo tiene claro, sus referentes van a ser sus propios compañeros del club: “Si ellos lo hacen… ¿Por qué no puedo hacerlo yo?” La persona lo prueba y comprueba que efectivamente puede hacerlo, y empieza a experimentar situaciones muy excitantes y agradables precisamente por esa autodemostración de la competencia: “Puedo hacerlo” primero…”y puedo hacerlo bien” en segundo lugar.
En esta fase es muy importante la elección de la modalidad deportiva, ya que si la persona, por sus condiciones particulares de movilidad o por su falta de facilidad y talento, se ve frustrada en su práctica abandonará y no generaremos la deseada adhesión a la práctica deportiva. Tenemos que buscar que la práctica deportiva suponga un reto, y asegurarnos que no le estamos pidiendo a la persona más de lo que puede hacer si no deseamos que la persona se frustre y la experiencia deportiva no sea agradable. Ahora no necesitamos presión, sino motivación y finalizar todos los entrenamientos con sensación de mejoría y de aprovechamiento de la sesión: la persona tiene que pensar “hoy he aprendido algo” y no “esto no lo puedo hacer”.
También en este momento, desde el enfoque de la intervención psicológica, aparece otro de los pilares de la psicología del deporte: el establecimiento de objetivos. Este debe realizarse tanto en esta etapa de iniciación como en todas las sucesivas durante la carrera deportiva, incluyendo la retirada deportiva. A su vez, también tiene que realizarse por temporada y estableciendo pautas de valoración objetivas y mesurables en el diseño de los objetivos, pero de un modo flexible que nos permitan su redefinición y posibles modificaciones para poder alcanzarlos o para poder cambiarlos si fuera necesario.
El establecimiento de objetivos está muy ligado a la planificación deportiva y debe realizarse de un modo consensuado entre entrenador, psicólogo y deportista. Todas las partes tienen que llegar a un pacto y estar de acuerdo. Con el establecimiento de objetivos en la iniciación damos por concluida la fase de iniciación deportiva, tan vital a nivel social para que aumente el número de practicantes, y en donde puede resultar muy beneficioso contar con el asesoramiento de un psicólogo del deporte especializado y con experiencia en el campo, para que se consolide esta etapa y pasar a posteriores momentos deportivos.