



cròniques
Eva M. García Quinteiro, licenciada en Psicología,
Especialista en Psicología del Deporte y la Actividad
Física y Master en Preparación Psicológica para el
Deporte y la Actividad Física de la USC, vive en Vigo
y disfruta trabajando de la Psicología del Deporte.
Es Psicóloga del Deporte y consultora de Amallós
Consultaría, empresa de servicios de Psicología del
Deporte, que ofrece sus servicios, a la Escuela de
Baile Pasos y a otras Escuelas de Baile
nacionales e internacionales, para asesorar y
trabajar con bailarines deportivos desde hace más
de 4 años .
¿Cómo ha sido la elección de trabajar en Psicología del Deporte?
Después de realizar el curso de Especialización surgieron las inquietudes de querer trabajar en Psicología del Deporte. Al principio, parecía que había que romper muchas barreras pero, poco a poco, ves posibilidades. Todavía hay barreras. La formación, las oportunidades que surgen y el apoyo de la gente que más aprecio hicieron el resto.
¿Cómo ha surgido la idea de Amallós?
¿Cuáles son los principales objetivos de la empresa?
Afortunadamente, la otra mitad de Amallós, Graciela Lois Río, tiene mucho que ver en la creación de Amallós. Llevábamos mucho tiempo dándole vueltas a la idea de crear nuestra consultaría en psicología del deporte. Nos gusta trabajar juntas y formamos un buen equipo. Creo que nos complementamos muy bien. El paso definitivo fue nuestra incorporación al Programa Empresa-Concepto que es un programa impulsado por las 3 universidades gallegas y el CSIC, el apoyo recibido fue clave. Ganar el Premio Mujer del Concurso de Proyectos Empresariales Innovadores de la USC 2007 también fue muy importante. Los principales objetivos de la empresa son desenvolver las competencias de las personas y equipos para los que trabajamos con el compromiso de ofrecer un servicio de alta calidad que se base en la especialización, la formación cualificada y en nuestra propia experiencia.
¿Cómo ha surgido la oportunidad de trabajar con bailarines?
Fue el entrenador de la Escuela el que se puso en contacto conmigo. Tenía claro que lo que necesitaba su Escuela era trabajar con un psicólogo del deporte y sabía que necesitaba un psicólogo formado en Psicología del Deporte. A partir de ahí, todo ha rodado muy deprisa, y he aprendido muchas cosas, el conocimiento de mi trabajo en la Escuela me ha abierto las puertas para trabajar con otras Escuelas y otros bailarines.
¿En que consiste tu trabajo en el club?
Mi trabajo en la Escuela es muy práctico y muy adaptable a las circunstancias que van surgiendo y a las propias características del calendario de competiciones. El mismo ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. Trabajo directamente con los bailarines pero, también asesoro, entre otros, a entrenadores y padres.
¿Ya conocías bien este deporte?
¿Qué aspectos de la cultura deportiva crees interesantes de destacar?
Al principio no, y es un deporte que me ha sorprendido mucho. En este deporte existen muchas rivalidades y mucha competencia, pero he tenido la suerte durante años de aprender de los mejores bailarines y entrenadores tanto a nivel nacional como internacional y eso es un lujo. Lo más bonito es que al aspecto más técnico de la ejecución se añade un componente artístico que lo hacer realmente atractivo.
¿Qué consejos darías a un psicólogo del deporte a la hora de trabajar con bailarines?
Bueno, no sé si consejos pero mi experiencia me dice que la prudencia es un buen compañero para trabajar con bailarines deportivos. Hay que conocer muy bien este mundo, porque una vez que sabes como se mueve y cuales son sus entresijos, te das cuenta de lo competitivo que es, y te das cuenta de lo que no puedes hacer o que tienes que tratar de evitar.
¿Qué pregunta no te he hecho y que te gustaría contestar?
No sé si pregunta pero yo animaría a los psicólogos del deporte a abrir puertas en otras modalidades deportivas en las que nunca se piensa puede haber futuro. Cuando realmente trabajas en lo que te gusta y aprecian tu trabajo, no sientes que sea trabajo. Que no sientas que sea trabajo no significa que no tengas que trabajar mucho, porque nosotras trabajamos y nos esforzamos mucho, significa que disfrutas haciendo lo que haces. Es muy satisfactorio ver, por ejemplo, como tus bailarines van consiguiendo los objetivos que se proponen. Lo que si echo mucho de menos muchas veces es que el propio colectivo de psicólogos del deporte no esté más unido y parece que nos vamos pisando unos a otros. Tal vez sea mi visión más “romántica” del futuro: pensar que vamos a gastar nuestras energías para que, realmente, el todo en la psicología del deporte, sea más que la suma de las partes individuales.
